Toxocara Canis en humanosLa Toxocara canis es un parásito (gusano) de entre 5 y 15 centímetros que normalmente se encuentra en los intestinos de los perros, sobre todo cachorros, y que pueden producir en este animal diarreas, dificultades respiratorias o distensión abdominal entres otros cosas.

El ser humano es un huésped accidental del Toxocara canis, del que se infecta al ingerir accidentalmente huevos madurados que se hallan en un suelo contaminado y, de modo especial, los niños jugando con sus perros.

Tras la ingestión, los huevos eclosionan y las larvas penetran en la pared intestinal y son conducidas por la circulación a muy diversos tejidos (hígado, corazón, pulmones, cerebro, músculo y ojos), donde se detiene su ciclo vital y se enquistan provocando una reacción inflamatoria local, característica de la toxocariasis canis como zoonosis.

En la mayoría de los casos la infección humana por el Toxocariasis canis no es grave y no da lugar a síntomas; todo lo más, un significativo aumento de los leucocitos eosinófilos (eosinofilia) en la sangre y una serología positiva por desarrollo de anticuerpos frente al gusano.

Cómo se presenta la Toxocara Canis en humanos

Cuando la Toxocariasis canis se presenta clínicamente en el ser humano como una zoonosis lo hace bajo dos formas principales: la forma visceral y la forma ocular.

  • En la forma visceral, que ocurre fundamentalmente en niños en edad pre-escolar, las larvas emigrantes se asientan en muy diversos tejidos, en los que cierran su ciclo vital, aunque provocan una intensa respuesta inflamatoria que, según el órgano donde asientan, se manifiesta con una semiología muy variada en la que se combinan síntomas generales, gastrointestinales y respiratorios: fiebre, inapetencia, adelgazamiento, tos, dificultad respiratoria, dolor abdominal, aumento de volumen del hígado y del bazo (hepatomegalia y esplenomegalia) y crisis de urticaria.
  • En la forma ocular, también casi exclusiva de la edad infantil, unas cuantas larvas alcanzan el globo ocular, donde mueren, y allí provocan una intensa reacción inflamatoria en la úvea originando una uveítis; esta reacción inflamatoria de la úvea puede materializarse como un granuloma posterior que afecta al nervio óptico en la mácula de la retina, un granuloma periférico o bien una inflamación difusa intraocular, que afecta a todas las capas del ojo denominada endoftalmitis.

El aspecto de las lesiones posteriores que ha conducido, en ocasiones, al diagnóstico erróneo de retinoblastoma.

La ceguera puede ser el final de la forma ocular de Toxocariasis canis no diagnosticada a tiempo y no tratada correctamente.

Según el CDC (Centro de Control de Enfermedades) de los EE.UU., cada año unas 700 personas infectadas con Toxocara canis sufren una pérdida parcial y permanente de la visión.

La confirmación del diagnóstico de la Toxocariasis canis no puede establecerse por la detección microscópica de huevos en las heces (ya que en el ser humano el ciclo del parásito se interrumpe en la fase larvaria, razón por la que no ha lugar a que se produzcan ni se excreten huevos en las heces humanas), sino por la detección de anticuerpos desarrollados frente al Toxocariasis canis, mediante una prueba serológica.

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Sobre María Cristina

Siempre me ha gustado todo lo relacionado con la salud y el bienestar personal, convirtiéndose esto no solo en mi medio de vida, también en mi hobbie.

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